jueves, 11 de febrero de 2016

Martes 10 de febrero: Juicio Acumulado Oran y Causa La Veloz

Por Elena Corvalan

" Lo único que pido es  justicia para mi hijo”
 
“Lo único que pido es que se haga justicia”. “Pido justicia por mi hijo”. Así empezó y terminó su testimonio Ruperta Rodríguez, madre del joven Santos Abraham Garnica, secuestrado y desaparecido la madrugada del 3 de septiembre de 1976, a la edad de 20 años.
La anciana dio una declaración breve, que le salió casi a borbotones, entre el llanto y los nervios, después de esperar por tres horas hasta que pudo constituirse el tribunal que juzga a seis hombres por delitos contra la humanidad cometidos, la mayoría de ellos, en la jurisdicción de Orán.
Ahí vivía Santos, en una piecita en el mismo terreno de la casa de su padre, Policarpo Garnica, que había constituido una nueva familia después de separarse de su madre.
Poco se sabe de Santos: trabajaba en un aserradero junto a su padre, estudiaba en una escuela técnica y “tenía una chica”, Amanda.  Sus familiares casi no tenían contacto con él y no sabían que tuviera militancia alguna que lo prefigurara como un objetivo del terrorismo estatal. Sin embargo, el hilo conductor parece estar en la escuela técnica, ahí había conocido a Mario Bernardino Luna, un joven de 23 años que militaba en la Federación Juvenil Comunista y que fue secuestrado la misma madrugada de septiembre del 76, y por un grupo de tareas integrado por unos diez hombres que tenía ropas militares, igual que el grupo que secuestró a Santos. Los dos fueron intensamente buscados por sus familiares, los dos están desaparecidos.
Ayer Rodríguez aportó poco. Solo sabía del secuestro por el relato de su ex marido: “Lo único que me contó fue que él estaba afuera mirando como lo sacaron de los cabellos”. Una vecina, Blanca Lobos, le dijo que los secuestradores “estaban vestidos con ropa de militar”.
De su vivencia recordó que le había escrito a su hijo diciéndole que tenía trabajo en Salta capital, pero él no le contestaba. Y que después del secuestro supo que estaba amenazado, “por eso no me podía contestar a mí. Pobrecito”. “No puedo soportar esto de mi hijo. Todas las noches lo sueño. Es doloroso perder a un hijo. (…) Porque con 2, 3 pesos que me van a dar no me van a devolver a mi hijo”, reiteró.
Su hija, Gladys Ester Garnica, también fue conmovedora: recordó que su hermano fue secuestrado el mismo día en que ella cumplía 15 años. “Mi papá me dijo que vinieron en una camioneta muchos hombres, que lo sacaron encapuchado. Y le pregunté por qué él no salió a ayudarlo. Me dijo que tenía miedo porque eran muchos. Que vio cómo lo sacaron…”, intentó seguir contando pero se quebró al memorar el dolor por el secuestro y la falta de reacción de su padre.
Cuando pudo recomponerse recordó que este año Santos cumpliría 60 años y sintetizó el drama de las desapariciones: “Es el dolor que llevamos nosotros, sin saber dónde está, sin tener dónde prenderle una vela”. “Lo único que pido es justicia por mi hermano. Lo único que nos queda es pedir justicia. Pasaron ya 40 años de todo esto”. Por este hecho está acusado Héctor Ríos Ereñú.
Gladys contó que por su madrastra, Elena Guzmán, supo que uno de los vehículos que participó del secuestro fue visto desde temprano rondando. Y recordó que la Policía le informó a su madre del secuestro y le dijo que debía viajar urgente a Orán.
 
“No recuerdo”
¿Adivinaron? El testigo al que hace referencia el título era un policía, el comisario principal retirado Abel López, que en 1976 cumplía funciones en la Comisaría de Embarcación, donde en septiembre de 1976 se realizaron actuaciones por la desaparición de Ruth Sáez de Vuistaz.
López entonces era un oficial y estaba bajo las órdenes del inspector mayor retirado Arturo Madrigal, quien está siendo juzgado por este hecho. Por eso fue convocado como testigo, y se lució repitiendo la consabida frase de los policías en estos procesos: “No recuerdo”. Ni siquiera pudo recordar cuándo fue el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Mucho menos pudo recordar nada en relación al secuestro de Sáez de Vuistaz, solo que se había producido este hecho, el único de esta envergadura (eso sí recordó) que le tocó en toda su actuación en la fuerza.
 
 

La Veloz, clara responsabilidad empresarial  en delitos de lesa
Horacio Verbisky

 
El periodista Horacio Verbistky sostuvo ayer que de los 20 patrones comunes encontrados en las prácticas represivas de la década del 70, en relación a la responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad, en el caso de La Veloz del Norte hay por lo menos 14, por lo que consideró a este uno de los casos más claros.
El presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) declaró por videoconferencia desde Buenos Aires en el juicio que se sigue al empresario Marcos Jacobo Levín y se refirió al informe “Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad: represión a los trabajadores durante el terrorismo de Estado”, publicado el año pasado.
Marcos Levin -Imputado
Levín, y tres policías retirados que en los 70 prestaban servicios en la Seccional 4° de esta ciudad, están acusados por la detención ilegal y las torturas a Víctor Manuel Cobos, en enero de 1977. Esa misma suerte corrieron al menos otros 15 trabajadores de la empresa La Veloz del Norte, que por entonces le pertenecía a Levín, pero esos casos no llegaron a juicio todavía. Se estima que 22 trabajadores fueron denunciados por Levín.
Verbistky sostuvo que este hecho es parte del plan represivo ideado con el objetivo de disciplinar a los trabajadores para aplicar un plan que beneficiara a los grandes grupos empresariales. Interrogado por una hora, el periodista repasó conceptos del informe y propios (dado que ha sido un militante del campo de organizaciones de izquierda y ha publicado investigaciones sobre esa época).
En el informe, en cuyo Tomo se toman 22 empresas que participaron en la represión, se detallan algunos patrones que se cumplen en el caso de La Veloz: la entrega de listas de empleados acusados de subversivos, el señalamiento de blancos o delegados, el facilitamiento de direcciones, fotos, legajos personales, el apoyo de logísticas.
En La Veloz la denuncia por defraudaciones que realizó Levín el 21 de enero de 1977 “brindó las herramientas formales necesarias para efectuar las detenciones a los trabajadores supuestamente involucrados en la estafa”.  El primer detenido fue el guarda Ciriaco Nolberto Justiniano, quien habría señalado al resto de los acusados.
Para llevar a cabo estas acciones la empresa proveyó la logística: vehículos personales y micros de media y larga distancia y galpones para la ejecución de los secuestros; organizó los turnos para facilitar las detenciones y entregó listados. Además, abonaba un salario al subcomisario Víctor Hugo Bocos (que ahora está siendo juzgado) y los mismos ejecutivos de la empresa (Levín y su jefe de Personal, Grueso, concurrieron al lugar de detención y torturas).
Como contrapartida, Levín exigía a las fuerzas de seguridad que “actuaran protegiendo sus intereses”. El informe reseña en apoyo a esta afirmación la nota publicada en el diario El Intransigente el 20 de marzo de 1976, que da cuenta de que los empresarios del transporte enviaron una carta al Jefe de Policía, Miguel Raúl Gentil, solicitando que se aplicara la Ley de Seguridad del Estado a los miembros de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), cuya directiva integraba Cobos. Los empresarios también mandaron notas a la Guarnición Militar de Salta y al delegado de la Policía Federal.
Asímismo, Verbistky recordó además que durante la dictadura la empresa de Levín empresa habría sacado provecho de este vínculo con las fuerzas represivas ganando nuevas rutas de circulación. Y el terror le permitió reorganizar el trabajo y limitar la participación gremial.
 

Sentencia el 14 de marzo

Este fue el último testimonio en este proceso. El debate se retomará el próximo 16 de este mes, a partir de las 16, con la lectura de prueba documental. Los alegatos comenzarán el 22, por las querellas, y concluirán el 7 de marzo.  Si los plazos previstos se mantienen, la sentencia se conocerá el 14 de marzo.

martes, 2 de febrero de 2016

¡Si tocan a uno, nos tocan a todos!


Desde un amplio arco de organizaciones populares de la provincia de Salta, las y los carreros, campesinos, indígenas, estudiantes, trabajadores de la economía popular, militantes organizaciones de derechos humanos, de la comunicación popular, hacemos un enérgico llamado conjunto para exigir la inmediata liberación de la compañera Milagro Sala, de la organización Túpac Amaru, injustamente detenida en Jujuy en un acto de clara criminalización de la 0rganización popular. La visibilidad de la compañera, y el hecho de  que haya sido electa como representante del Parlasur, no hacen más que agravar este caso de indiscutible persecución política.
 En el actual contexto de feroz ajuste y devaluación, achicamiento del Estado, reinicio de las "relaciones carnales", ataques a la democratización de la comunicación, deslegitimación de la militancia popular, todas señales que nos traen a la memoria las dolorosas horas de la década neoliberal, desde las organizaciones abajo firmantes repudiamos estas acciones que intentan disciplinar al pueblo organizado, justamente en una provincia donde la organización popular logró importantes conquistas que por otra vía nunca se habrían logrado.
Denunciamos también el accionar de la Justicia, cuya Cámara
Federal de nuestra provincia desestimó el pedido de excarcelación de la compañera.


¡Si tocan a uno, nos tocan a todos!
 

Visita al Acampe de San Salvador de Jujuy - 28 de enero 2016
 Movimiento Nacional Campesino Indígena-Vía Campesina Salta; Corriente Peronista Descamisados Salta; Agrupación de Carreros Salteños; Movimiento de Trabajadores Excluidos; 
Cooperativa de cartoneros y recicladores "Ceferino Namuncura"; CTA Salta; CTEP Salta; La Cámpora; Movimiento Evita; Movimiento Popular La Dignidad; Movimiento Popular Patria Grande
Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita; Ateneo Arturo Jauretche; Encuentro Memoria, Verdad y Justicia Orán; Centro Cultural Antonio Cortez Familiares de Detenidos Desaparecidos Orán;  Agrupación Oscar Smith de Luz y Fuerza; HIJOS Salta, Asoc Lucrecia Barquet,Comision Provincial de la Memoria, Cooperativa de Trabajo Coyuyo, Partido Nuevo Encuentro Salta,  Partido Comunista Orán.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Luis A Santillan Zevi Presente!!!





 La comisión de DDHH Metan y familia Santillán, invita a participar del acto conmemorativo por el retorno de los restos del compañero Luis Agustín Santillán Zevi, militante metanence desaparecido en Córdoba por el terrorismo de estado en el año 1975. La actividad se llevara a cabo el Sábado 28 del corriente a Hs. 10 de la mañana en el paseo de la memoria cito en calle Rio Piedras esquina 9 de julio. En caso de lluvia se realizara en casa de la cultura.

Cronograma
09:45 Hs.         Concentración en Rio Piedras y 9 de Julio.
10:30 HS.        Recorrido en la ciudad.
11:15 Hs.         Misa.
11:45 Hs.         Inhumación de los restos.
30.000 compañeros detenidos desaparecidos Presentes!!!

Juicio y Castigo !!


miércoles, 7 de octubre de 2015

Noveno juicio. Se abrió el debate en cinco de los seis expedientes

 Elena Corvalán
El debate en el noveno juicio por delitos de lesa humanidad que se realiza en la provincia se abrió parcialmente ayer, en cinco de los seis expedientes acumulados, debido a que el militar retirado Héctor Ríos Ereñú planteó que no se encontraba “en condiciones” de presentarse a la convocatoria de la víspera.
La novedad fue informada por el presidente del Tribunal Oral Federal, Marcelo Juárez Almaraz, quien aclaró que la apertura del debate en relación a Ríos Ereñú se hará en la próxima audiencia. En esta causa está también acusado el oficial de policía retirado, Arturo Madrigal, otro para el que se abrirá el debate recién dentro de dos semanas.
En cambio, sí se leyeron las acusaciones de la Fiscalía en los expedientes en los que están acusados los ex jefes de Policía, los militares retirados Miguel Raúl Gentil y Virtom Modesto Mendíaz; el ex jefe de Seguridad de la Policía, Joaquín Guil, y el ex jefe del Escuadrón 20 Orán de Gendarmería Nacional, Diego Alejandro Varas.
La lectura fue seguida por un público robustecido con la presencia de los familiares de los detenidos desaparecidos Raúl Benjamín Osores (su hermano Francisco y su compañera, Pía Asunción Vilte), Sergio Wenceslao Copa (su padre, Justo Copa, y sus hermanas Teresa y Gloria Copa) y Sylvia Ruth Sáez de Vuistaz (sus sobrinos Federico y Alejandra Vuistaz).
 
De los acusados, solo Guil estuvo en la sala de audiencias. Los otros dieron el presente por videoconferencia: Gentil, desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; Mendíaz, desde Rosario, y Varas, desde Córdoba.
Luego de la lectura de la acusación del primer expediente, que tiene como único acusado a Gentil (por 13 hechos de homicidios agravados), el presidente del Tribunal le preguntó si iba a declarar: dijo que no. Cuando se leyeron las otras acusaciones el defensor oficial Juan Pablo Lauthier se adelantó para informar que ningún acusado iba a declarar.
La Fiscalía, y las querellas, acusan a Gentil por las privaciones ilegítimas de la libertad y los homicidios agravados de Mario Bernardino Luna Orellana, Santos Garnica Abraham Rodríguez, David Reina León Paz, Reynaldo Isola, Felipe Burgos, Carlos Enrique Mosca Alsina, Oscar Alberto Bianchini, Néstor Miguel Díaz, las hermanas Carmen Berta y Francisca Delicia Torres, Luis Eduardo Risso Patrón, y Osores, Copa y Sáez de Vuistaz. Y también por las detenciones ilegales y tormentos a Juana Isabel López, Aldo Víctor Bellandi y Luis Ernesto Mamaní.
http://www.desaparecidos.org/arg/victimas/l/loto/lotod.jpgAdemás Gentil comparte con Mendíaz y Guil la acusación por las desapariciones forzadas de Carlos García, Nora Saravia, Carlos Alberto Rivero, Raúl Humberto Machaca, Pedro José Tufiño y Roberto Loto Zurita. Esta es la conocida como Causa UNSa II, porque García, Saravia, Machaca y Tufiño eran docentes de esa casa de estudios, y Rivero estudiaba ahí. A estos se suman Sáez de Vuistaz y Gregorio Tufiño (hermano de Pedro), que también estudiaban en la UNSa.  Y Gentil está imputado también, junto a Varas, en la causa por la desaparición de Raúl Benjamín Osores.La audiencia continuará el 19 de octubre, cuando se leerá la acusación contra Ríos Ereñú y Madrigal, y comenzarán a escucharse testimoniles.
 
La audiencia continuará el 19 de octubre, cuando se leerá la acusación contra Ríos Ereñú y Madrigal, y comenzarán a escucharse testimoniles.
 
 

Ex empleados de La Veloz del Norte identifican la sala de torturas en la 4°

Elena Corvalán
Cuatro ex empleados de La Veloz del Norte reconocieron ayer las dependencias donde en 1977 fueron torturados, la sede por entonces de la Comisaría 4°, que funcionaba como un centro clandestino de detención. El lugar fue remodelado y ahí funciona un hotel.
Víctor Manuel Cobos, Jorge Arturo Romero, Carlos Lídoro Aponte  y Sonia Rey reconocieron y señalaron las habitaciones en donde estuvieron detenidos y se detuvieron particularmente en una pequeña pieza ubicada en el fondo de la construcción: “Aquí nos torturaban”, recordó el primero. Al lado, en una galería, estaba la moto que los represores encendían para tapar los gritos de dolor, contó. Aponte asintió. Romero añadió que la radio que también se encendía al momento de los golpes y la picana estaba dentro de la habitación (que ahora es un lavadero); “aquí (señalando un punto en la galería) estaba la pileta grande donde me traían a mí a lavarme”, sumó Rey, quien por las noches permaneció detenida en una “piecita” (que ubicó con claridad), y durante el día era llevada a una oficina cerca de la entrada.
La inspección se dispuso en el marco del juicio oral y público que en el Tribunal Oral en lo Federal Criminal de Salta se sigue contra el empresario Marcos Levín, propietario de La Veloz en 1977, y los policías retirados Víctor Hugo Bocos, Enrique Cardozo y Víctor Hugo Almirón, quienes se desempeñaban en la Comisaría 4°.
La jornada fue calificada como altamente positiva por los querellantes, no solo por la nitidez de los recuerdos de los testigos y la facilidad con que complementaron sus relatos, sino porque, de entrada nomás, en la espera del inicio de la inspección, la vecina Herminia Puppi, que se acercó creyendo que alguien había escuchado sus denuncias por un supuesto ejercicio de prostitución en el hotel, terminó aportando datos que sustentan la acusación: dijo que vive desde hace 50 años al lado de la Comisaría y que durante la dictadura a veces los vecinos no podían dormir: “escuchábamos gritos y las torturas. Ponían la radio a todo lo que da”, afirmó ante los jueces Federico Díaz, Gabriel Casas y Carlos Jiménez Montilla.
Más tarde Romero, ubicado donde funcionaba el calabozo, graficó desde donde vio ingresar a Levín, dos veces, luego de haber sido torturado. Y luego Aponte, ubicado en la oficina de entrada, donde fue golpeado ni bien se presentó, recordó que él también vio entrar al empresario. Y añadió otro dato: cuando fue obligado a firmar una supuesta confesión, ante el juez Trincavelli, la joven que lo acompañaba y que se levantó aparentemente molesta con lo que estaba pasando ahí era la jueza Sylvia Bustos Rallé.
Más tarde Cobos y Aponte aportaron datos que confirmarían las detenciones irregulares: el primero dijo que su hermana Cristina Cobos fue a verlo al menos dos veces y que en la Comisaría negaron que estuviera ahí. Lo mismo hicieron con la madre de Aponte, Balbina Elba Soria, que venía caminando a buscar a su hijo. La querellante Susana Aramayo pidió que se convoque a declarar a Cristina Cobos y a Balbina Soria, y el querellante Martín Avila solicitó la declaración de Puppi.

martes, 29 de septiembre de 2015

Testigo sostuvo que Levin estuvo en la Comisaria donde fue torturado


Elena Corvalán
 
El testigo Jorge Arturo Romero aseguró ayer que vio al empresario Marcos Jacobo Levín en la Comisaría 4°, donde él y otros trabajadores de La Veloz del Norte habían sido torturados y obligados a firmar una declaración en la que reconocían una supuesta estafa a la empresa.
“Estando en la Comisaría lo vi al señor Levín, lo vi en dos oportunidades”, siempre después de las 21. Aunque desde su celda Romero no veía la puerta de acceso a la oficina del subcomisario Víctor Hugo Bocos, que también está siendo juzgado en este proceso, el testigo sostuvo que la dirección del empresario hacía pensar que iba a esta oficina.
A sus tareas de policía Bocos sumaba una ocupación incierta en La Veloz del Norte. Varios testigos han afirmado que lo veían siempre en la empresa, al punto que pensaban que era empleado. Romero afirmó que lo vio con el uniforme de La Veloz. Y Ciriaco Norberto Justiniano, otro ex empleado que declaró en la víspera, dijo que ni siquiera sabía que Bocos era policía, para él era un inspector de la compañía que solía andar en el automóvil Ford Falcon celeste de la firma.
Romero, Justiniano y otros trabajadores fueron detenidos en enero de 1977, a raíz de una denuncia de Levín, que aseguraba haber sido víctima de una estafa por parte de algunos empleados.
Justiniano contó que existía una lista, y que si bien eran muchos los empleados citados a la Comisaría, los que estaban señalados con una equis en la lista quedaban detenidos, y fueron torturados, hasta que firmaron declaraciones confeccionadas con anterioridad en las que aceptaban responsabilidad en la acusación. Justiniano afirmó que los que detenidos eran los que participaban de actividades gremiales, que acompañaban al delegado interno, Víctor Manuel Cobos, en las acciones de la Unión Tranviarios Automotor (UTA). Este juicio es precisamente para determinar la responsabilidad de Levín y de los policías retirados Bocos, Enrique Cardozo y Víctor Hugo Almirón en la detención irregular y las torturas a Cobos. Los hechos de los que fueron víctimas otros empleados de la firma están tramitándose en otra causa.
Romero fue detenido en la empresa, Cardozo y otro policía de apellido Figueroa lo llevaron a la 4°. Pasó la primera noche en una celda. Al otro día “temprano” lo llevaron a “una piecita, hicieron arrancar una moto, prendieron una radio”, le vendaron los ojos y comenzó el interrogatorio: querían que hablara del supuesto fraude, como lo negó, recibió los primeros golpes. Al otro día se repitió la escena, solo que esta vez le preguntaron también por las actividades gremiales, volvió a negarse y se repitieron los golpes. El tercer día fue interrogado, golpeado y sometido a una picana. Así siguieron “hasta que tuve que hacerme cargo para que dejaran de torturarme”. Entonces lo llevaron a la oficina de Bocos, donde firmó la primera “confesión”. Luego firmó otra en presencia del juez Trincavelli (fallecido).
Y luego fue trasladado a la cárcel de Villa Las Rosas, donde fue amenazado de muerte, con un arma en la cabeza, por negarse a continuar con una práctica de saltos de rana.
A Justiniano también lo torturaron desde el segundo día. Los verdugos eran Bocos, Cardozo, Figueroa y “Sapo” Toranzos: “Nos sacaban desnudos, nos mojaban, nos picaneaban por todo el cuerpo”. Y también firmó una declaración, en presencia del juez, de Bocos y Cardozo.
También el testigo Rubén Vrh contó que fue detenido y torturado en dependencias de la Comisaría 4°, y que fue obligado a firmar una declaración.
 
  
“Yo maté a San Martín”
 
Veinte o 30 días después Jorge Romero recuperó la libertad, y volvió a La Veloz del Norte para completar una paradoja: Marcos Levín le preguntó si era cierto que le había robado, Romero dijo que no, “¿Por qué te hiciste cargo entonces?”, quiso saber el empresario: “Por la tortura” fue la obvia respuesta; “si me hubiesen preguntado si yo maté a San Martín hubiera dicho que sí”, recordó Romero que le dijo.
Levín “esbozó una sonrisa, me dijo que le presentara la renuncia. Y me quedé sin trabajo”.
 
 
Inspección
 
El próximo lunes el Tribunal Oral de Salta inspeccionará el lugar donde funcionaba la Comisaría 4° de esta ciudad, en Lerma 656. Ese lugar figura en el informe de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (CONADEP) como un centro clandestino de detención.
Ahí fueron torturados los empleados de La Veloz del Norte denunciados por el empresario Marcos Levín.
La inspección se hará con el aporte de testigos que serán propuestos por los fiscales y las querellas.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Necedad y Estupidez

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La estupidez insiste siempre, advierte Albert Camus en La Peste. Lo comprobamos una y otra vez. La semana pasada tuvimos en Salta la visita de Alfredo D’Angelo, el escriba de gente tan insistente como Cecilia Pando, la misma que considera “presos políticos” a los criminales que asolaron al país en la década del 70, en lo que ellos llamaron Proceso de Reorganización Nacional.
Es un golpe a la razón escuchar o leer a Pando, D’Angelo y compañía, incluidos tantos que aprovechan el anonimato de Internet para expectorar su odio. Dos palabras bastan para describirlos: necedad y estupidez.
Necio es aquel, o aquella, que no sabe lo que pudo o debió saber; es también el que es imprudente o falto (o falta) de razón y es terco (terca) y porfiado (porfiada), en lo que hace o dice. Es una descripción bastante certera de lo que hacen y dicen los que rodean a Pando, incluidos los que se tomaron el trabajo de presentar en Salta el libro de D’Angelo bajo el falso tamiz de un debate serio y respetuoso sobre los acontecimientos de la década del 70.
Nada más falso, porque desde el momento en que quienes detentaban la suma del poder público eligieron la ilegalidad, la mentira, el falseamiento, el robo consuetudinario, la tortura, los vejámenes, las muertes escondidas, anularon toda posibilidad de debate. Sobre el cuerpo destrozado no se puede debatir sobre si era bueno o malo, si era delincuente o buen vecino. Porque esos actos perpetrados por los criminales de la dictadura fueron, son, definitivos. Pero estas verdades no entran en ciertas cabezas, ni hablar de los corazones.
Ya lo dice el diccionario: estupidez es “torpeza notable en comprender las cosas”.
Pero también, y eso es lo más doloroso, tanto la necedad como la estupidez son expresiones de la maldad, en cuanto lo malo es lo dañoso o nocivo para la salud, o lo opuesto a la razón o la ley. Ya lo decía Cicerón: “La necedad es la madre de todos los males”. De la estupidez se puede decir otro tanto.
Como, muy a pesar de los deseos de los necios y estúpidos, se sabe lo que pasó, es bueno que la historia los refute. Lo que sigue son expresiones de los resultados de la necedad y la estupidez, de la maldad. Expresiones que deberían ser incontrastables pero que, sin embargo, los necios (las necias) y estúpidos (estúpidas) insisten en contrastar con cuestiones tan tontas como preguntar cuántas fueron las víctimas del terrorismo estatal, como si no bastara un muerto para convertir a alguien en asesino, como si no bastara un torturado para convertir a su torturador en un verdugo, como si no bastara una persona violada para convertir al autor en violador.

“Parece ser que él (Luciano Jaime) quiso escapar y lo mataron. Le pusieron una bomba en el pecho”. Estaba tan destrozado que un conocido de la familia, Juan Carlos Ríos, que era bombero y fue con la patrulla que iba a levantarlo, se descompuso y tuvo que ser traído a la ciudad en una ambulancia. Le llevó una semana reponerse de la impresión. “Yo sé que la Policía lo mató”. Del relato de Irma Rosa Chica, viuda de Luciano Jaime, secuestrado el 12 de febrero de 1975.

“Él (Eduardo Del Valle) cobraba dos sueldos en la época del Proceso: de la Dirección de Tránsito (de Metán) y de la Policía”. Del testimonio de Miguel Adolfo Morales, quien en 1984, como secretario de Gobierno de Metán, instruyó un sumario contra Del Valle, al que se lo investigó “por todas las irregularidades que él hizo en el Proceso”. Expte. N° 788/07.

La casa de la familia Bustos, en Metán, fue allanada dos días después de la desaparición de Mario Monasterio. El policía Mario Coronel encabezaba la patota: “Gritaba ‘dónde está Mario, dónde están las armas’”, patearon todo, “dieron vuelta todo, destrozaron todo en mi casa” y hasta levantaron el colchón de la abuela paterna, que estaba enferma. Del relato de Teresa Bustos. Causa Metán.

En abril de 1981 Eduardo Del Valle la hizo llevar a su oficina: le ofreció llevarla a una “fiesta de militares” en Salta Capital, le propuso que hiciera “favores sexuales, total vos, agua y jabón y listo”. Teresa se negó y él le dijo que su hermano, José Bustos, “lo iba a pagar”. En mayo su hermano fue detenido, su negocio fue allanado (“dieron vuelta todo, se llevaron plata, pagarés, cheques”) y también fue allanada la casa familiar. Del testimonio de Teresa Bustos, juicio Causa Metán.

“Así fue la vida de mi familia, de puro terror. Mi mamá se arrodillaba, ella tenía unos santitos, siempre fue muy religiosa, prendía unas velas y rezaba para que a nosotros no nos pasara nada, que no desapareciéramos como los chicos”. En su casa, que quedaba retirada, se paralizaban los corazones cuando pasaba un vehículo “porque sabíamos que en cualquier momento iban a patear la puerta”. Del testimonio de Teresa Bustos, juicio Causa Metán.

En Metán vivieron una etapa de terror “por todos los abusos que hacía esta gente de noche, los allanamientos, las golpeadas, todo”. Poco antes de su secuestro definitivo, Tuqui Velázquez fue detenido por Del Valle, Perelló, Soraire y otro policía, posiblemente Máximo García, lo llevaron al costado de un río y lo golpearon exigiéndole que contara “quiénes eran los zurdos” del pueblo. Del testimonio de Luis Paz, juicio Causa Metán.

El día del secuestro de Tuqui Velázquez la casa de Paz fue allanada por un grupo armado que integraban también Del Valle, Soraire, Perelló  y un tal Millán, revolvieron todas sus cosas, los golpearon e insultaron y se llevaron “del cabello” a su madre, Severina Pérez. “Del Valle me la llevó, la llevaron presa. La han maltratado verbalmente, la han golpeado” de tal manera que aún hoy, a sus 84 años, le teme a los policías. Del testimonio de Luis Paz, juicio Causa Metán.

“Me empezaron a pegar, vi mis valijas (…) tiradas ahí con todas las cosas rotas, fotos, todo lo que traía para mostrar a mi familia de mi cumpleaños, estaba todo tirado, y me golpeaban, y me decían que con quien venía. Y este señor me agarró de los pelos y me metieron en una oficina, ahí me pegaban, y me decían que diga quien más venía conmigo, quién me estaba esperando, no… no conocía a nadie, no conocía a nadie, le decía”. Del testimonio de ERG, ex detenida de identidad protegida que fue secuestrada en diciembre de 1976, a la edad de 15 años y fue reiteradamente violada y esclavizada hasta que fue vendida a un finquero. Causa Metán.

“Llegó un grupo de personas. Yo los vi cuando entraban por la fuerza a la casa, rompieron la puerta. Estaban encapuchados. Nos levantamos y nos llevaron a la galería, a cada uno nos apuntaban con armas. Después nos separaron. Me preguntaban el nombre a cada rato”. Del relato de Nimia Colqui. Juicio Expediente 3764/12.

“Yo vi que sacaron gente de la caballeriza y se la llevaron y nunca más supimos” qué pasó con ellos. “Fue familiares a preguntar, pero la guardia tenía la orden de no contestar. Teníamos que permanecer ciegos, sordos y mudos”. Del testimonio del ex conscripto Juan Carlos Herrero. Juicio Expediente 3764/12.

Fernández Nouel solo tiene retazos de recuerdos: los restos de la celebración de los asesinos, la cara de un muerto puesta frente a su rostro, ella misma contra una pared y sus captores disparando a su alrededor exigiéndole que identificara a los muertos. Del testimonio de Alicia Fernández Nouel, juicio Expediente 3764/12.

“Luego del golpe de estado (1976) se le prohibieron todas las visitas, salidas a recreos, lectura de diarios, libros o revistas y progresivamente se los aisló de a uno por celda, llegando al extremo que se les impedía hablar a viva voz, razón por la cual utilizaban el sistema de los sordomudos, o sea hablaban con la manos. Que al darse cuente de este hecho, (los carceleros) decidieron tapar con madera terciada, los ventanucos rectangulares con barrotes, por donde se venía entre los internos.” Del testimonio del ex detenido Vicente Enrique Spuches, Juicio de la Verdad, mayo de 2001.

“En la dependencia de la Policía federal, (…) el oficial (Juan Carlos) Alzugaray participaba de las sesiones de torturas a la que fue sometido y solía acompañar al jefe de la repartición el entonces comisario (Federico) Livy, quien también participaba de las sesiones de ‘picanas’”. Del testimonio del ex detenido Eduardo Tagliaferro. Juicio de la Verdad, diciembre de 2000.

La impresionó Livy “por lo bruto que parecía, y violento”. En cambio, Alzugaray “en mi caso se hacía el seductor, me sentaba en una mesa y me hablaba al oído, me susurraba: que era linda, que no permitiera que me estropearan”. Ese grotesco de seducción no impidió a Alzugaray abusar sexualmente de Julia cuando era sometida a la picana eléctrica, en una cama de hierro, desnuda, con los brazos y piernas atados. Del testimonio de Julia García, Megajuicio Salta, 2012.

Estas son apenas muestras del horror de los hechos perpetrados por los criminales que dominaron nuestro país en la década del 70. Si lo que se lee resulta duro, es todavía más horroroso pensar que quienes acometieron estas acciones, y los que los respaldaron, y respaldan, son capaces de pensar, y expresar, sin rubores, que lo suyo es justificable y, aún más, tiene una aureola de heroicidad. Solo una gran dosis de necedad y estupidez (es decir, maldad) puede llevar a realizar tal interpretación.